Ellos tenían la costumbre de pedir un deseo después comer,
ellos se acercaban a la fuente,
se miraban a los ojos, y cuando sus corazones palpitaban al mismo tiempo,
a continuación pedían su deseo.
La moneda ya estaba en el fondo.
Era obvio que el deseo era el mismo de ambos.
En seguida esperaban a que la vida se encargara de ello,
después, después veremos…
-Horacio Chirino