domingo, 20 de septiembre de 2026

LA AMIGA DE MAMÁ (Antonio Hernández E.)




La recuerdo bien: 

Mirna era ese tipo de colegiala que no podría describir a ciencia cierta, pues no se trataba de la adolescente que entraba a la pubertad y que llevara consigo la ternura e ingenuidad de la niña que no entiende nada; tampoco era la chica consciente de su cuerpo, de saberse mujer y lo mismo seducir a su compañero de clase que al maestro o inclusive al intruso prefecto. Así no era ella. Mirna, más bien,  era una muchacha de escasos trece años con un andar grácil y cadencioso; con el morral desbordante de libros y desorden, con una piel canela de músculos firmes y torneados; con labios rojos, carnosos, delineados. Su espalda angosta de vértebras prominentes dignas de su cintura milimétrica y una cadera de ensueño que cargaba unas nalgas redondas, firmes, perfectas. Lo adivinas lector, desde aquellos años se presentaba en mí un tropel  de sangre, sudor y deseos de ella.


    Ahora que soy Don Javier Vallejo Ordoñez, economista, prominente empresario, influyente político, catedrático universitario, pienso que había nada más hermoso que soñar con ella. A veces besándola en las escaleras de la escuela, otras veces cerca de su casa, y qué decir en mi propia recámara, bajo mis sábanas.

Te imaginas esas noches lluviosas en que escuchas las gotas estrellarse contra tu ventana y tú estás debajo de las cobijas saboreando los besoso salados de tu almohada, creyendo que ésta era el cuerpo de ella, y te agarras y te aferras a esa figura imaginaria como a la vida misma. Afuera, el frío y la humedad. Adentro, el calor y la humedad.


Desgraciadamente, esos sueños eran irrumpidos abruptamente cuando mi madre me despertaba con el alba. Cuando volvía a la realidad, yo sabía que Mirna tarde o temprano se entregaría a mí. El futuro sería muy fácil: nos amaríamos en secreto en mi cuerto, con el pretexto de las tareas, la llevaría a su casa al anochecer y así pasarían los años. Más perfecto aún: ella abandonaría sus estudios una vez terminada la secundaria y esperaría a que yo obtuviera un título universitario para casarnos. Todo era exacto. Ahora sólo restaba enamorarla, aunque para ello tuviera que leer el Manual del seductor. De acuerdo con este texto, el primer paso era mostrar indiferencia; después tendría que hacerle ver que yo era el mejor estudiante, el más guapo y perfecto deportista, lo cual así era; y por último fumaría ante ella para demostrarle mi madurez. Seguí esos tres pasos durante los tres años de secundaria. lamentablemente sucedió lo contrario: mi indiferencia era tal que ella podía advertir que yo la observaba en todo momento para ver si en una de esas volteaba a mirame; el espejo también me traicionaría pues los barros juveniles en la cara eran lo más cercano a los personajes monstruosos de las series televisivas; el cigarro, lejos de hacerme ver maduro, me valió dos suspensiones temporales por faltas al reglamento escolar.
En pocas palabras, había empezado al revés La desgracia principal consistió en que se fueron imperceptiblemente mis tres años de oportunidad.


                        Perdí su rastro y al año siguiente ingresé al bachillerato. Sin embargo, y casi al término de la prepa, llegó el milagro en voz de mi madre.
   -Conocí a una ex compañera tuya en mi curso.
   -¿Quién es ella?- pregunté suponiendo que se trataría de cualquier insignificante alumna.
   -Mirna -me contestó con una risa cómplice y los ojos brillosos de aquella que lo puede suponer todo.


Así llegó mi ansiada oportunidad. Ahora sólo restaría pedirle a  mi madre que la llevara a casa a tomar un café, a ver una película e la televisión, o lo que fuera, siempre y cuando me la pusiera al alcance. Y así fue.  A la semana Mirna entró a la casa. Al observarla llegar desde la ventana de mi cuarto, lo primero que vino a mí no fue un suspiro ni tampoco una ilusión; más bien sentí que mi sangre corría más rápido por mi cuerpo, como si un enorme ejercito de hormigas ascendiera por cada una de mis venas. La respuesta no se dejó esperar y llegué a la erección más firme y permanente de que tenga memoria.


La vi entrar por el zaguán. Llevaba una falda corta que dejaba ver sus piernas canela. La blusa blanca contrastaba con el color cobrizo de su piel y con el rojo fuego de sus labios que habían sido finamente retocados.
Bajé corriendo a recibirla y no advertí que mi pantalón se estaba mojando a causa de la pasión que ya se desbordaba por mi atributo.


                   Pregunté a mi madre dónde se habían conocido -lo cual por supuesto ya sabía- para iniciar la conversación. Después de obtener la respuesta necesaria, mi madre se fue a preparar palomitas para nuestra función de cine en la tele. Vimos una película aterrorizadora cuyo tema era la castración carnal y psicológica.
Mamá se empezó a dormir en una forma inesperada. Yo le susurré al oído una pregunta obvia: ¿estás dormida? Al darnos cuenta de que ya no contestaba (¡que raro!), Mirna se empezó a poner nerviosa y sudorosa de miedo. Lo advertí y creí que eso era algo natural al sentarse junto a un muchacho tan apuesto y sensual como lo era en aquellos años.


Convencí a Mirna de que estaríamos más a gusto si subíamos a mi recámara y escuchábamos algunos discos de Raphael y Julio Iglesias, entre otros baladistas igualmente ridículos; y funcionó: en unos minutos estábamos tomados de la mano mirándonos intensamente, como si atrás de las pupilas se descubrieran paisajes insólitos, como si el cielo y el mar estuvieran en planos invertidos y la poesía no fuera otra cosa que nuestro silencio.


Besé su boca e intercambiamos saliva a través de dos lenguas que parecían un par de peces guerreros que entrelazan su asperesa y humedad sin descanso. Metí mi nariz en sus fosas nasales y rocé con mis dedos índices sus pezones firmes, al tiempo en que ella acariciaba lo que tú ya sabes. Empezaron a desplomarse nuestras prendas y prendidos nuestros cuerpos empezaron a frotarse ininterrumpidamente y aceleradamente hasta que no hubo más remedio. Allí recibí el primer golpe a mi machismo: para Mirna ésta no era su primera vez. Y quizá por ello en los sucesivos encuentros que tuvimos, advertí si maestría en el arte bello de amar.


                    
            
                    Meses después un día dejó de acudir a nuestra casa. Tras semanas enteras de buscarla, la encontré y recibí el castigo más grande a mi virilidad en sus palabras:
   -Oye Javier, ya no soporto más. Tengo que decírtelo.
Asustado, le pregunté cuál era el motivo de su rostro angustiado. Y entonces lo dijo:
   -Yo tengo esposo y me escapo por las tardes porque tu mamá me paga, ay cómo te explicaría, mmm... pues para hacerte hombrecito.
Continuó, pero ya con desesperación y con lágrimas en los ojos.
   -Lo peor es que me gustas y te estoy empezando a amar, pero no podía vivir con un niñote, tonto y maniatado como tú. Ve mi desgracia: a los dieciséis le estoy ayudando con los gastos a mi esposo que trabaja como herrero y que abandonó sus estudios porque lo obligó mi papá, cuando le dije lo que habia pasado. Tú me entiendes...




         Nunca más la volví a ver. Y hoy que estoy a punto de cumplir los 40 años, me pregunto por qué, después de mis matrimonios fracasados y en vísperas de contraer nuevas nupcias con Mariana, todavía tengo que saber si por fin esta vez mamá estará de acuerdo.







Hernandez Estrella, Antonio.
"La amiga de mamá" en Atrapados en la escuela. Selector, México.







domingo, 6 de septiembre de 2026

-

 



Con voz entre cortada y bajita del sentimiento, el Corazón le preguntó al Cerebro:

-¿Entonces ya no?


El cerebro con voz jadeante y firme le contestó:

-¿No, ya no!

No estás viendo que va hasta allá con alguien y todavía le va pasando el chicle de cereza con la boca…



Cuando la Mente y el Corazón están de acuerdo,

sin más, 

sin nada 

más;

el juego terminó.





La Espera al escuchar esto salió corriendo y llorando hacia la esquina de aquella avenida.


Y la Experiencia rápidamente dijo: 


-Yo ya me vine, yo ya me fui.





-Horacio Chirino 








viernes, 21 de agosto de 2026









¿Qué hacemos cuando estamos a solas?

¿Nos miramos al espejo y nos exprimimos un barro?

¿Buscamos un orgasmo con nuestros dedos para ocultar la soledad 

o en el peor de los casos, 

la tristeza?

¿Nos echamos la culpa de algo?

¿Escuchamos 20 veces la misma rola?

¿Andamos desnudas por toda la casa?

¿Imaginamos una atardecer en la playa escuchando a Bad Bunny?

¿Imaginamos andar a solas pisando la tierra mojada?

¿Espiamos al vecino que anda siempre en bóxers por toda su casa?

¿Miramos el caminito de hormigas que sale de la cocina y va para las plantas?

¿Lavamos los trastes?

¿Preparamos un pastel para compartirlo con el tipo que siempre coincide a nuestra hora 

en la estación del tren? 

Sí a eso se le llama crush, lo acepto;

así siempre suena mi corazón en las tardes.


¿Qué hacemos cuando estamos a solas?

Hacemos muchas cosas.



Pero, 

qué pasa cuando estamos a solas:


Las nubes bajan y el viento mece las hierbas que se asoman por entre las orillítas de las banquetas.





     

                  -Horacio Chirino


















sábado, 15 de agosto de 2026








Brindemos, aunque no sea nuestra fiesta,

pero tenemos tequila y cerveza.


Brindemos por lo que no tuvimos, por lo que hay,

por las vacaciones no tenidas, por las metas que no hemos pasado.

Por todo lo vivido, de algo ha servido.


Brindemos porque estamos unidos, por ella que está celebrando, 

por todos nosotros en nuestra no fiesta.




-Horacio Chirino









jueves, 23 de julio de 2026





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domingo, 12 de julio de 2026

 




“…quien no olvida el primer amor, no conocerá el último…”






-Maiakovski

Una bofetada a gusto del público.





sábado, 11 de julio de 2026








“ El amor es lo que nos rescata del automatismo de la vida cotidiana. Es imperfecto, a veces torpe o borracho, a veces es, a veces; pero es lo único que nos hace decir con certeza: estoy vivo”.



 - El más oscuro de todos, el de hasta atrás, el raro.




                        -Horacio Chirino













miércoles, 3 de junio de 2026

 








"¿Qué se siente cuando te alejas de la gente y ellos retroceden en la llanura hasta que ves sus motas dispersándose? —es el mundo demasiado inmenso que se abre sobre nosotros, y es el adiós. Pero nos inclinamos hacia adelante hacia la próxima aventura loca bajo los cielos..."


-JACK KEROUAC

(ON THE ROAD).












lunes, 4 de mayo de 2026

Tráfico




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         ———————————————————————————————

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- Horacio Chirino 








“ Cada noche nos vamos a dormir

sin tener la garantía misma de despertar mañana,

y aun así ponemos una alarma para levantarnos de esa cama.


Cada que planeamos una idea,

algo por cumplir, lo organizamos 

sin saber si vamos a llegar a ese día,

y aun así,

aun así, 

le ponemos fecha.”


         - Esperanza



-Horacio Chirino 










sábado, 18 de abril de 2026






Te amé con todo mi cuerpo,

con toda mi alma,

con todo mi espíritu,

con toda mi vida.


Y mi vida, perdí.




-Horacio Chirino 












miércoles, 11 de marzo de 2026

MAR




Mar:



Una distancia nos separa.

¿Podrías venir?

Un rato.

Uno o dos centímetros más.

Decirte que me haces mucha falta,

que allá nada ha sido fácil,

¿Podrías quedarte así? 

Solo para despedirnos como se debe:

sentirte, tocarte fuerte.

Esa distancia es muy larga,

a veces es muy agria.

¿Podrías seguir aquí?

Te extrañaré tanto, 

no podré sin ti, pero tengo que seguir,

tengo que seguir.

Hasta el día en que vuelva aquí,

seguiré cantando…




-Horacio Chirino

































sábado, 14 de febrero de 2026



 ¿ 14 de febrero ?  ¿qué es ?

 ¿ Es una calle ?






-Horacio Chirino







 






Ellos tenían la costumbre de pedir un deseo después comer,

ellos se acercaban a la fuente,

se miraban a los ojos, y cuando sus corazones palpitaban al mismo tiempo,

a continuación pedían su deseo.

La moneda ya estaba en el fondo.

Era obvio que el deseo era el mismo de ambos.

En seguida esperaban a que la vida se encargara de ello,

después, después veremos…




-Horacio Chirino 






sábado, 3 de enero de 2026



Adivina cómo es su pisar 

y su andar sobre las hojas secas,

cómo crujen.


Adivina cómo son

sus noches en la cama, cómo se levanta

y mira por la ventana;


y pone los ojos en el horizonte…






-Horacio Chirino