Nadie puede negar de su agonía
de una cama sola después de un febrero lleno de arrumacos,
de cercanías, de cursilerías;
de gemidos mezclarse con sudores en las sábanas y en las almohadas.
¿No ha llorado aquí la Virgen María?
Si por los dos enamorados solitarios de aquella esquina.
Todo el mundo tiene un momento de alegría o tristeza
que retumba en las fotografías puestas en las vitrinas.
Los colores de marzo se llenan de flores,
de blancos soles,
de calmas decentes
y de fondo los más jóvenes se enamoran de nuevos amores.
Mis poesías sin norte,
mis ayunos sin Fe,
mis días sin vos.
-Horacio Chirino