viernes, 1 de febrero de 2019
Al otro lado de la calle
Siempre he vivido siendo ignorado,
nunca he sido el compañero más anhelado,
aún así me llevo bien con los que tengo a lado,
"distintos, iguales", da lo mismo como seamos
a veces simple y sencillamente somos ignorados.
Te ignoran cuando quieren,
te hablan cuando quieren,
se burlan cuando quieren,
aparentan cuando quieren.
Montañas, mentiras (caen o las tiras).
En la otra calle hay una persona como tú,
no le tires piedras por favor, nunca se sabe
si el o ella eres tú.
-Freddy Walker
miércoles, 9 de enero de 2019
viernes, 4 de enero de 2019
sábado, 22 de diciembre de 2018
Estracto -La niña perdida de Elena Ferrante
El vestíbulo del edificio estaba en silencio, de los pisos no llegaban voces ni ruidos. Miré a mi alrededor angustiada. Quería que Lila apareciera por la escalera A o B o de la garita desierta del portero, flaca, gris, la espalda encorvada. Lo deseé más que cualquier otra cosa, lo deseé más que un regreso inesperado de mis hijas con mis nietos. Esperaba que dijera con su sorna habitual: ¿te gusta el regalo? Pero no ocurrió y me eché a llorar. Fíjate lo que había hecho: me había engañado, me había llevado por donde quería ella, desde el comienzo de nuestra amistad. Durante toda la vida había contado su propia historia de rescate, usando mi cuerpo vivo y mi existencia.
O tal vez no. Tal vez esas dos muñecas que habían recorrido más de medio siglo para llegar hasta Turín significaban únicamente que ella estaba bien y me quería, que había ido más allá de sus límites y por fin tenía la intención de viajar por el mundo, ahora menos pequeño que el suyo, viviendo en la vejez, según una nueva verdad, la vida que en la juventud le habían prohibido y se habia prohibido.
Subí en ascensor, me encerré en mi apartamento. Examiné con cuidado las dos muñecas, aspiré su olor a moho, las apoyé en los dorsos de mis libros. Al comprobar que eran pobres y feas me sentí confusa. A diferencia de lo que narran los cuentos, la vida real, cuando ha pasado, no se asoma a la claridad sino a la oscuridad. Pensé: ahora que Lila se ha dejado ver así de clara, debo resignarme a no verla nunca más.
-La niña perdida.
Elena Ferrante
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