martes, 18 de septiembre de 2018









He vivido siempre acostumbrada,
a los yogures  en la cama y a tomarme el último trago de coca cola;
a dormirme a las 2 y pico de la mañana y hablar de lo que a nadie le importa.
Digo, quién va querer saber lo que hago, lo que hice en el pasado para llegar hasta ahorita
y contar de quién me he enamorado;
que antes de esto,
cuando hiba sola en la calle arrancaba las hojas de los árboles sin que nadie me viera
y cortándolas en pedazos decía: "si me quiere o no me quiere", admito que cuando caía en lo segundo,
hacía trampa y fingía que se me habían perdido, arrancaba otras y volvía a empezar.
Siempre quise vivir acostumbrada a todo esto,
porque de lejos ya te veía esperandome del otro lado de la calle con tus gestos.
Viví acostumbrada a los hoyitos que se te hacen en los cachetes cuando sonríes
y a la cara que pones cuando digo esto.
Porque sino eras tú al que descubrí hace tiempo, dime tú con quién viviría acostumbrada,
con mi almohada, no lo creo, mejor sola que con algo que ya se sabe todo esto.



 
  -Horacio Chirino









miércoles, 5 de septiembre de 2018

PREGUNTAS FRECUENTE(S)



¿Qué espero de ti?
Lo que diría  mi cama y me da miedo decir.
¿De qué andamos huyendo?
No hemos hecho nada.
¿Que sí te quiero?
Quiero escucharte cantar canciones que no conozco.
¿Qué es el café?
¿El color o el que se toma?
Lo segundo, porque lo primero todos lo sabemos, (y eso que tiene acento).
Es una ceremonia social, 
para conocer a alguien, para platicar con alguien: con el novio o los amigos.
¿Qué es ser autentico?
¿Cuándo dejamos de ser autenticos o de ser nosotros mismos?
Lo primero: Es dejarte ver y saber:
quién eres tú.
qué te gusta.
qué lugares has visitado.
qué música te gusta.
qué color es tu favorito. 
qué libros lees.
Lo segundo: cuando dejamos de preguntarnos: ¿qué espero de ti?
No se espera se hace, 
entonces es:
¿Qué hago de ti?




  - Horacio Chirino










lunes, 3 de septiembre de 2018











“De todos los caminos que no recorrí… el tuyo es por el que más me pregunto”.








-El final de todos los Agostos. 
  Alfonso Casas















domingo, 2 de septiembre de 2018






¿Existe algo más triste que haber llorado varias noches antes de pegar la cabeza a la almohada pensando en el, o sentarte a lado del que suspiras, y en ambas situaciones, sin que se entere que lo amas?

Si.

Si hay algo más triste:

saludarlo por las mañanas y que no te acepte el café, porque antes pasó al Oxxo a comprarse un express.





-Horacio Chirino 











sábado, 25 de agosto de 2018

Momento romántico en el baile II






¡Hasta donde llegue!, 
el se dijo así mismo cuando ya cruzaba la cuarta avenida,
rogaba por que sus pies no le fallaran ahí mismo,
es viernes, son 11 de la noche y quiere llegar para volver a repetir lo de hace una semana.

Hay muchas luces de colores, nadie le hace caso, eso no le importa porque sabe que
lo que le interesa, son los movimientos de manos y espalda; principalmente, de ese oso de felpa.
Es grande, de color cafe, tiene orejas pequeñitas y una pancita redondita, en fin, se ve muy acariciable.

Se acerca para verlo, está bailando y huele a plástico de sabor fresa,
la música de fondo anima la escena.
Derrepente, se detiene como si sus pilas se le hubieran acabado. Se puede ver en sus ojos que está cansado, pero no es eso, 
es la monotonía del ruido que le hunde los ojos y sus pestañas de aguacero impiden eso.

Ya lo quire pero es imposible, 
es caro tenerlo;
lo que le queda es contemplarlo y hacerlo platónico;
pero ya no puede guardar lo que quiere, ni su mente lo que oye.
Toma una servilleta y le escribe:

"no te desanimes,
ni lo pienses, pronto voy a ser abogado y te voy a llevar
a mi lado, esperame 2 meses!"

Se la pone en la mano y le sonríe...

Ya son casi las 12, se tiene que ir para alcanzar el último metro.
    



   -Horacio Chirino








MISA DE 7 (José Francisco Conde Ortega) de "Atrapados en la escuela"




Hace frío. Todas las mañanas de diciembre amanece con este canijo frío. Cuando menos eso crees, porque te enteras de esto solamente los domingos.

Y sabes que bien vale la pena el sacrificio de levantarte tan temprano para ir a misa de 7. Es la hora en que ella va, con su mamá, a la iglesia de la Luz. Es el único momento del día en que puedas verla los domingos. No sabes a dónde se va después de misa ni a qué hora regresa. Y el lunes tarda tanto en llegar.

Hace frío, pero no importa. Tu suéter de la secundaria te protege un poco. Te acercas más y la ves. Distingues su perfil y sus pestañas rizadas. El velo negro y la poca luz dentro de la iglesia hacen que su piel se vea más blanca. La notas un poco pálida, ¡y tan bonita!

Mientras te acercas entre las bancas para verla mejor, piensas en las palabras para decirle, ahora sí, que si quiere ser tu novia. No vaya a pasarte lo que el otro martes. ¡Carajo! La oportunidad que habías estado buscando y la desperdiciaste. Y todo porque, cuando te pidió que la acompañaras a la farmacia del parque -la más lejos de la cuadra- te pusiste a contarle tus hazañas en el futbol.

Ahora nada más ves su cabello y una de sus orejas tan bien formadas. Te esfuerzas y estiras los ojos, pero la cara de su mamá te tapa toda posibilidad de verla un poco más. Te adelantas hacia la derecha y ves mejor. Adviertes en su cara una mueca de fastidio y recuerdas dolorosamente que ni el miércoles ni el jueves la viste. Y sí el viernes. Y todavía te duele el cortón. Tú lo atribuyes a ese martes en que no supiste decirle nada. Y claro, ella se enojó. Y no le importó que hubieras faltado a la escuela para encontrarla cuando regresaba de la academia. Simplemente te cortó.

Ahora sí la ves bien. Admiras su lunar sobre sus delgadísimos labios; te inquieta su recta nariz; te llena de ternura el mohín con que se quita el mechón rebelde de la frente; quisieras cubrir de besos esos ojos delicadamente oscuros. Así, tan seria, con la mirada fija en el altar, parece una virgen. Tienes que pedirle que sea tu novia. No todo está perdido. Ayer te saludó y no la notaste tan seria.

La gente comienza a salir. Te das cuenta que la misa terminó. Te extraña el comentario de unas viejitas. Te ven, te sonríen y dicen que qué hermoso que un muchacho tan jovencito sea tan devoto. Te apresuras a salir para verla bien. La ves cuando cruza la puerta de la iglesia rumbo al atrio. La luz de la mañana ilumina su figura delgada: sus piernas largas, su minifalda, sus botas, su pequeño busto.

Hace frío y sientes hambre. Te acomodas el suéter cuando pasan junto a ti. Miras la cabeza erguida de su madre. Ella voltea y te sonríe. Ansías que el domingo termine pronto.