viernes, 2 de diciembre de 2016
jueves, 1 de diciembre de 2016
Es tan bonita que esa palabra
le queda corta.
Es tan bonita que los lentes que usa
no se le notan.
Es bonita cuando se levanta
a las cinco de la mañana
y a las diez de la noche
cuando va llegando a su casa.
Es tan bonita que el espejo
le tiene envidia.
Es bonita que cualquier viento
no la despeina.
Es tan bonita que bonita por hoy
es sinónimo de valentía, no por hoy sino por siempre.
Es bonita que sus lágrimas son lluvia
y después sale el arcoiris.
Es tan bonita que es bonita.
Es tan bonita que se escucha bonita.
Es tan bonita que es única.
-Horacio Chirino
Las lágrimas de lluvia que salen
y mojan tus mejillas,
debí suponerlo,
es la alegría que comes
cuando cruza aquella avenida buscándote la cara a lo lejos...
Mejor atenta en eso que en la escuela
cuando pasan lista
o cuando tropiezas con la pata de la mesa,
no de en vano te dicen "la lista".
-Horacio Chirino
domingo, 27 de noviembre de 2016
Descripción
Le gustaba dormir después de madrugada,
pues los recuerdos le tocaban la ventana
a esa hora,
y a veces uno que otro muerto se asomaba
debajo de la cama,
pero no le importaba,
pues se esfumaban con el brillo de su premio: alguna medalla o un trofeo,
por ser la número uno, por ser la más bonita,
la que se acaba el aire, la dama,
la elegante.
El perfume de alguien era su amigo íntimo;
cuando la tocaba ya tenía el derecho
(por un rato o por toda la noche)
de saber la profundidad de todos sus secretos
y también la de su alma.
Entre rosas, despedidas y tragos sin medida,
ahí estaba,
así siempre se encontraba,
dependiendo de la cama donde despertara.
-Horacio Chirino
viernes, 25 de noviembre de 2016
-Bueno, nos veremos, supongo.
El viento arrastró las hojas muertas hasta ella golpeandole las botas.
-Claro. -dijo él.
Y se miraron a los ojos, de a de veras, como nunca, como para despedise con un beso cercas de la boca y fingir que fue un accidente, como si estuvieran cediendo ambos de hacerce el amor en la calle, o en el peor de los casos, como dos enamorados perdidos y encontrándose apenas sólo para despedirse y morir en la silla eléctrica.
Los miraba uno y de verdad que causaban envidia.
Y es que ese " claro" era una ilusión, una esperanza para ella, porque le daba motivos para seguir investigando acerca de astronomía, alguno que otro escrito de Modiano y también de arquitectura, y así sorprenderlo (un poco más) la proxima cita.
Pero era de en vano porque eso no iba a ponerlo en práctica, no iba volver a platicarlo, así que lo tendría que olvidar como él lo haría con ella; ya que jamás le volvería a llamar.
Entonces quien moriría en la tal silla eléctrica era ella por cometer el delito de mentirse; ya que suponía que él estaba sorprendido con ella y con todas aquellas cosas.
Pero a decir verdad, él también tuvo culpa, pues cometió el delito de mentirle, de darle más que una esperanza, de enamorarla, de abusar de su confianza, de hacerle creer que le sorprendía, que le interesaba y de que aquellas palabras que le dijo eran la copia fiel de una canción vieja; que el café de aquella vez no era más que para pasar el rato, que los "te quiero" eran para darle sentido al estar juntos y que los días nublados para estar abrazados en ese sofá viendo la tele, eran porque no tenía nada que hacer y no por la gracia de la señora divina de Santa Clara; santa en la que ella creía.
Entonces ambos son culpables, ambos merecen morir en la silla eléctrica por mentira y abuso de confianza, por asumir cosas que no son, por dar por hecho algo que no es, por cometer ese delito, ese delito de mentirse ambos y a uno mismo.
-Horacio Chirino
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