En la cama,
en el sillón,
en la cocina,
en la mesa,
en el suelo,
se acariciaban sus partes más sensibles:
sus corazones,
sus manos, sus cachetes
su espalda, sus labios.
Se miraban a la cara,
se tocaban,
se respiraban
se suspiraraban,
se escuchaban,
en fin, ellos se hacían el amor.
-Horacio Chirino
Es mundialmente desconocido,
rompería el record por tropezarse más veces
que cualquiera y por ser el que mira más veces
la hora.
Ganaría una medalla de oro por andar corriendo con prisas, otra por ser el más timido y otra
por ser el más miedoso.
Le darían el premio novel por el anonimato,
ya sé que no eres conocido y también sé que no eres ese que todos han querido, sólo eres ese;
pero yo te daría todos los premios del mundo
por tener los ojos más bonitos
y por aguantarte el frío cuando sales temprano, por las veces que no te importó reirte
cuando todos están en silencio, por alzar la mano cuando nadie la levanta;
cuando con todo y pena preguntaste algo
y por las veces que te puciste rojo cuando leíste ese intento de poema,
y también por atreverte a ser ese diferente;
sí te daría un premio por eso y más cosas.
A él, a ella, aquel, a ti que eres
uno más en el mundo, te doy un aplauso
por ser ese desconocido,
y espero que sepas y te metas
en los sesos que vales más que un premio,
y que no es de género, ni mucho menos,
ser reconcido, lo que importa es que haces, creas, transformas, descubres, sueñas y también luchas.
Vales, y vale la pena todo lo que haces
porque tú eres.
-Horacio Chirino
Tu puedes leer sus labios,
Yo puedo tener sus pensamientos.
-Horacio Chirino
Ahora estoy convencido
de que el atardecer
huele a perfume de mujer guapa,
porque me asomo y veo que
ya no estás en casa...
-Horacio Chirino
Con un cigarro en la mano y un mezcal
para celebrar estaba dichoso al ver que por fin ella estaba en su cama desnuda, sin maquillaje
o máscaras, sin su armadura, sin nada;
pero no para hacer lo que todos piensan cuando
dos están a solas en una alcoba sobre la cama
(y no precisamente dormir)
sino más bien, para hacerle lo que siempre
se imaginó cuando la tenía de cercas
o pasaba a lado de ella,
y en el peor de los casos, cuando la veía alejarse
dejando atras ojos caídos,
por fin la tenia ahí
para mirarla desde adentro
y decirle que ese adentro le va bien
con lo que se le ve de lejos y para hacer con ella poemas que no pasaran de los no me acuerdo
al olvido;
ahí estaba para sentirla, para intercambiar letras, caricias, fotografias, canciones
y experiencias.
Para hacer algo real como nada antes.
Para liberarse de la crisis que le agobiaba
todas las noches y dedicarle una luna
de muchas,
darle su almohada.
Con un cigarro en la mano y un mezcal
para celebrar estaba dichoso al ver que por fin ella estaba en su mente...
-Horacio Chirino