sábado, 7 de diciembre de 2019

NOTAS DEL DÍA






* Ir por leche y pan (no cuernos, no conchas ni moños)
* Lavar
* REGAR LAS PLANTAS
* DECIRTE TE AMO
¿Ya te dije te amo?
Te amo, te amo, te amo, te amo,
no es otra vez, lo que quieres, no lo niegues, yo lo sé.
* Ir por mi madre al aeropuerto.
(no sabe cómo llegar a casa, pues cómo, si desde hace años vivió sometida a un infierno que le quemaba los pies cada que caminaba con mi padre y mejor se encerraba a fumar en el cuarto hasta la noche, y encima, yo llegaba a reclamarle porque era carne.
* No copiarle a nadie
(no ser un puto como mi padre)
* No exagerar
* No exagerarte (todavía no existes)
¿cómo?
* SER UN HIJO DE MI MADRE
* Repetirme las cosas una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez!
* ESCRIBIR CON MAYÚSCULAS LAS COSAS MÁS IMPORTANTES
* Mandar los archivos antes del medio día
* Ir a comer (cocinar sin aceite)
* CAMINAR DERECHO CUANDO SALGA A LA CALLE
* Tener porte, porque soy demasiado común, demasiado corriente, muy torpe, fumo en la mesa y vuelvo a tragar como si me pagaran, hago sándwich de mermelada con jamón, me rio fuerte y enseño los dientes que no tengo.
* Ir al gym, ir al gym, ir al gym, ir gym, ir gym
(ojalá hiciera las mismas repeticiones, así como digo gym)
* Contestar los mensajes de whatsapp
* No olvidar tener todo organizado y perfecto para el día siguiente
¿todo organizado y perfecto?
mmmta, qué no puedo ser libre,
lo que a mí me plazca,
si me quiero levantar a las 2 de la tarde o
si quiero comer pizza toda la semana
¿quién putas, indicó las reglas?
o hay un contrato que firmas cuando llegas a este mundo?
pues no sé, al menos yo no lo firmé.
¿dónde quedó eso de ser feliz?
de decir "me gusta ver el cielo" sin que piensen que soy raro?
* Ser discreto que me delata
¿Discreto?
¿Puta madre, pues qué he hecho?
¿De quién me estoy escondiendo?
¿Qué está mal visto?
mmmmta entonces debería de agregar:
“No salir del cuarto hasta la noche...”
Ah y comprar cereal y café.
* QUE NO NOS FALTE EL CAFÉ








-Horacio Chirino





























domingo, 24 de noviembre de 2019





Sabía que eso de andar con corbata, le salía bien, sobresalía  su pulcritud y su porte; se acomodaba la camisa del cuello; después metía su mano al bolsillo derecho y se  la jalaba muy discreto, andaba en el metro. 
La reconoció por sus rizos.
Se paró frente a  ella, así como quedaron a las 7 debajo del reloj.
Se sonrieron, el la tomó de la mano, se saludaron.
Más tarde en una cafetería la besó, compartieron fotos,  mientras el iba al baño, ya lo extrañaba, era el amor de su vida y él tal vez piense en ella cuando vea borroso.
En la calle pasaron por la avenida 57, donde ella hace algunas años trabajó por primera vez, era la tienda departamental de lujo donde exhibían abrigos de piel; y donde también se enamoró de un tipo que ni siquiera la volteaba ver.
Cuando dieron las nueve se besaron de nuevo en la esquina de Donceles frente a un restaurante de lujo donde él olvidó la cita con alguien que no dormía pensando en él.
Juntos comenzaron la huida, atravesaron muchas calles y llegaron al bar donde caen siempre  los que están a tres segundos del romance y determinan que son momentos inolvidables 
(para toda la vida).

En el baño empezó:
se besaron, se calentaron, se incluyeron, él la miró sin mirar sobre el hombro, ella sobre la frente y luego en los ojos.
En la calle terminó.

Ella se quedó estacionada en el tiempo fumando en un escritorio lleno de pilas de archivos, los de hasta abajo muertos; él sabía que eso de andar con corbata le salía bien; sobresalía su pulcritud y su porte, se acomodaba la camisa del cuello; después metía su mano al bolsillo derecho y se la jalaba muy discreto.
Andaba en el metro.










-Horacio Chirino















sábado, 2 de noviembre de 2019





-...A qué me quedo, no hay nada que me amarre a esta vida.

Le dijo mientras él se esforzaba por atarla a la silla de la cafetería, esperando después, después ver...

(Quizas no se enamoraron ese día, no se volvieron a ver, no se dijeron: amor quiéres café.
Lo que sí es que se repetía lo mismo todas las fechas)

Tal vez sea en otra vida.






-Horacio Chirino












sábado, 19 de octubre de 2019

Esperanza en el metro




Hoy ella al final del vagón estaba cansada, quería llegar a casa o por lo menos encontrar un lugar en el pesero,  en eso, sus ojos se abrieron más que de costumbre cuando entró a ese vagón uno de gris, uno que siempre entra por ahí, donde coinciden a la misma hora; ayer no logró acercársele por el tipo obeso que cargaba una mochila; hoy ella está a 3 cm. de tocarle las manos, rozarle el codo o por lo menos olerle el perfume que sale de su pecho, quiere que las palabras que le salen de su boca
(las que tiene guardadas debajo de la lengua para ocasiones especiales 
-que no ha tenido ninguna, o no se ha animado)
y los suspiros que tiene atorados en el pecho, sean aceptables ante sus ojos.
Quiere esta noche para el corazón, e inventar en el aire
(aunque si lo cree)
que, aún así vaya de gris, se vería lindo a la luz de la luna;
y que con esto amarre.
-¡…ch, ch!...
Voltea el tipo y de repente alguien le cede el lugar con el dedo índice,
los celos no se hicieron esperar ni para ver con detenimiento la situación.
- ¡Siéntate princesa, ya vamos a llegar a casa!
Le dijo con voz tierna y paciente, y de su maletín sacó un caramelo y se lo entregó a quien al parecer era su hija.
No sintió cosas, nada más que lo de costumbre cuando ve entrar a alguien simpático al metro.








En la mañana me sentí como en el día de mi cumpleaños, dichoso, único, pasó el metro vacío, sin nada de gente, y todos entramos sin empujarnos, formados como río de hormigas, y todavía me dio tiempo de escoger el lugar que me gusta, frente a la ventana.
Se sentía una calma limpia en el vacío blanco del piso, sin pisadas ni golpes en la espalda, hasta podía estirar libremente los pies.
Increíble.
Más días como estos.








Iba solo en el vagón, la desolación estaba a tope, casi se queda dormido cuando paró en salto del agua.
Nadie subió.
Volteó así no más al asiento de enfrente y vio un papelito doblado en cuadrito, pensó que era un billete.
No quiso tomarlo.
De pronto una ola de aire deslizó al papelito hasta enfrente, a sus pies.
Se percató de algo que al parecer eran números.
Le dio curiosidad, se agachó del asiento sin mover siquiera las piernas o su culo delgado, para tomar el papelito.
Lo desdobló y decía:
“sí me quedo sola, no importa, si usted come con la boca abierta, no se preocupe, a mí no me da asco. Esto lo tomo como una libertad para algo, si no pasó hoy pasará después. Alguien nos está cuidando. ¿Quiere ser parte de mí?”



Él no sabía que ese escrito lo había hecho una chica para su amor platónico que siempre coincide con él en la misma estación de metro.










-Horacio Chirino