Adivina cómo es su pisar
y su andar sobre las hojas secas,
cómo crujen.
Adivina cómo son
sus noches en la cama, cómo se levanta
y mira por la ventana;
y pone los ojos en el horizonte…
-Horacio Chirino
No puedo hablar.
Todas y todos:
¡Viva nuestra independencia!
¡Viva él!
¡Viva ella!
¡Viva las y los que un día se atrevieron a gritar!
¡Viva la soberanía de ser quien somos!
¡Vivan las heroínas y héroes anónimos!
¡Viva si estamos con la capa caída, no pasa nada!
¡Viva la libertad de repetir la misma canción 20 veces!
¡Vivan quienes no seguimos lo de otros ni otras!
¡Vivan las y los que nos levantamos temprano!
¡Vivan los besos y sonrisas!
¡Vivan las paletas de hielo!
¡Vivan quienes luchamos por nuestros sueños!
¡Vivan quienes nos atrevemos!
¡Vivan las papas con chile!
¡Viva que mañana será bonito!
¡Viva nuestro caos!
¡Viva mirar el cielo y cerrar los ojos!
¡Vivan las noches de coraje y vacío!
¡Viva el respeto y el camino de lo que hoy somos!
¡Viva que llegue el amor!
¡Viva la tranquilidad del día y la paz de la noche!
¡Viva lo que somos!
¡Viva el amor de nuestras vidas!
¡Vivamos todas y todos!
-Horacio Chirino
Quiérete mucho,
como si fuera la última sonrisa,
el último día,
la última visita a la playa,
el último respiro por la noche,
la última palabra.
Quiérete mucho,
como si fuera el último trago,
el último café por la mañana,
la última ganada en el juego,
el último cuerpo que habitas.
Quiérete mucho sin tener miedo a perderte,
perderte
en ti.
-Horacio Chirino
Me gustaría que todos los escritores y escritoras, los que escriben, los que leen, las y los que de casualidad y causalidad se topan con las letras y las interpretan en palabras, sonidos, ideas, y les hacen sentir emociones; nos únamos en un lugar pequeño, una casita, un patio, debajo de un árbol y platiquemos de lo que nos hacen sentir toda esta unión de palabras. Contemos cómo dimos con las palabras, quién nos orilló a interpretarlas y a expresarlas pero también quién nos obligó a callarlas y a reprimirlas.
Me gustaría ya no hablar ni decir, sino vomitar lo que hay dentro de nuestra cabeza, lo que se nos esconde entre los dientes y debajo de la lengua, lo que se nos atoró en el pecho o en el corazón y no hemos podido expresar.