domingo, 27 de noviembre de 2016

Descripción



Le gustaba dormir después de madrugada, 
pues los recuerdos le tocaban la ventana 
a esa hora, 
y a veces uno que otro muerto se asomaba 
debajo de la cama, 
pero no le importaba, 
pues se esfumaban con el brillo de su premio: alguna medalla o un trofeo,
por ser la número uno, por ser la más bonita, 
la que se acaba el aire, la dama, 
la elegante.
El perfume de alguien era su amigo íntimo;
cuando la tocaba ya tenía el derecho 
(por un rato o por toda la noche) 
de saber la profundidad de todos sus secretos  
y también la de su alma.
Entre rosas, despedidas y tragos sin medida,
ahí estaba,
así siempre se encontraba,
dependiendo de la cama donde despertara.

-Horacio Chirino


viernes, 25 de noviembre de 2016



-Bueno, nos veremos, supongo.

El viento arrastró las hojas muertas hasta ella golpeandole las botas.

-Claro. -dijo él.

Y se miraron a los ojos, de a de veras, como nunca, como para despedise con un beso cercas de la boca y fingir que fue un accidente, como si estuvieran cediendo ambos de hacerce el amor en la calle, o en el peor de los casos, como dos enamorados perdidos y encontrándose apenas sólo para despedirse y morir en la silla eléctrica. 
Los miraba uno y de verdad que causaban envidia.


Y es que ese " claro" era una ilusión,  una esperanza para ella, porque le daba motivos para seguir investigando acerca de astronomía, alguno que otro escrito de Modiano y también de arquitectura, y así sorprenderlo (un poco más) la proxima cita.
Pero era de en vano porque eso no iba a ponerlo en práctica, no iba volver a platicarlo, así que lo tendría que olvidar como él lo haría con ella; ya que jamás le volvería a llamar.
Entonces quien moriría en la tal silla eléctrica era ella por cometer el delito de mentirse; ya que suponía que él estaba sorprendido con ella y con todas aquellas cosas.

Pero a decir verdad, él también tuvo culpa, pues cometió el delito de mentirle, de darle más que una esperanza, de enamorarla, de abusar de su confianza, de hacerle creer que le sorprendía, que le interesaba y de que aquellas palabras que le dijo eran la copia fiel de una canción vieja; que el café de aquella vez no era más que para pasar el rato, que los "te quiero" eran para darle sentido al estar juntos y que los días nublados para estar abrazados en ese sofá viendo la tele, eran porque no tenía nada que hacer y no por la gracia de la señora divina de Santa Clara; santa en la que ella creía. 

Entonces ambos son culpables, ambos merecen morir en la silla eléctrica por mentira y abuso de confianza, por asumir cosas que no son, por dar por hecho algo que no es, por cometer ese delito, ese delito de mentirse ambos y a uno mismo.

  -Horacio Chirino




jueves, 24 de noviembre de 2016





... y entonces
se puso a llorar,
se jaló los pelos,
rasguñó el suelo,
y se mordió los labios hasta sangrar;
porque le dijo la cordura que no iba a regresar
ya que el corazón la traicionó...

-Horacio Chirino




martes, 22 de noviembre de 2016

Historia de dos desconocidos o historia de una coincidencia




Uno venia cruzando la calle, el otro estaba apunto de cruzarla, volteó para asegurarse que no pasara ningún coche y cruzó.
Ambos coincidieron de frente debajo del semáforo, cuando todavía estaba en rojo.
Luego ya estaban a 12 metros uno del otro, no quedaba más que seguir caminando.


-Horacio Chirino

lunes, 14 de noviembre de 2016



No lloraba por eso,
no lloraba por él,
ni por lo que se fue;
lloraba por lo que 
le había dejado el paso 
del tiempo.

-Horacio Chirino

viernes, 11 de noviembre de 2016

Corre, dijo la tortuga.



Corre, dijo la tortuga, 
atrevete, dijo el cobarde, 
estoy de vuelta dijo un tipo que nunca 
fue a ninguna parte, 
sálvame, dijo el verdugo, 
sé que has sido tú dijo el culpable,
no me grites, dijo el sordo, 
hoy es jueves, dijo el martes, 
y tú no te perfumes con palabras
para consolarme.
Déjame solo conmigo,
con el íntimo enemigo que malvive 
de pensión 
en mi corazón.
el receloso, el fugitivo, el más oscuro de los dos, 
el pariente pobre de la duda, 
el que nunca se desnuda, si no 
me desnudo yo, 
el caprichoso, el orgulloso, el otro, 
el complice, 
el traidor.

A ti te estoy hablando, a ti, 
a ti que nunca sigues mis consejos,
a ti te estoy gritando, a ti, 
que estás metido en mi pellejo,
a ti que estas llorando ahí, al otro lado del espejo,
a ti, que no te debo, 
más que el empujón que anoche 
me llevó a escribir ésta canción.

No mientas, dijo el mentiroso,
buena suerte, dijo el gafe, 
ocúpate del alma, dijo, el gordo 
vendedor de carne,
pruebame, dijo el veneno, 
amame como odian los amantes.

Drogas no, dijo el camello, 
¿cuánto vales?, dijo el gangster, 
a punto de rendirme estaba
a un paso de quemar las naves, 
cuando al borde del camino
por dos veces el destino me hizo 
un guiño en forma de labios de mujer.

Si nos invitas una copa
yo te secaré el sudor
yo te abrazaré bajo la ropa
¿y quién va a dormir conmigo? 
-Ni lo sueñes!
contestó una indignada,
otra encantada no dijo nada y sonrió


A ti te estoy hablando, a ti, que nunca sigues tú mis consejos,
a ti te estoy gritando, a ti, que estás metido 
en mi pellejo,
a ti que estas llorando ahí, al otro lado del espejo,
a ti, que no te debo, 
más que el empujón que anoche 
me llevó a escribir ésta canción. 

Corre, dijo la tortuga, atrévete, dijo el cobarde, 
estoy de vuelta dijo un tipo que nunca 
fue a ninguna parte,
pero sí nunca fue a ninguna parte.
Corre, corre di...

        -Joaquín Sabina